No se puede describir, el sentimiento que se tiene cuando algo que esperas con ansias se aproxima, ya sea la fecha de algún concierto de una banda de porte internacional y con una trayectoria de más de 20 años; o la fecha de partida rumbo a otra ciudad donde hace mucho calor y sabes que habrá mucho licor de por medio.
Es aún más grande la emoción cuando tu estilo de vida se está estancando y sientes que no puedes respirar, por que al menos con distracciones como estas tu rutina se hace pedazos y en caso de que una persona cualquiera te pregunte: ¿Que hiciste en tu fin de semana? La respuesta ésta vez no será "lo mismo que hacemos todos los fines de semana pinky" (jajajaja). No, en cambio podrás decir: "algo freaking Awesome!!" lleno de alegría y la emoción que tenías al momento del evento.
Se le podría decir "presumir" o solamente "in your face stuff!" pero es algo realmente necesario. Está comprobado científicamente que, los seres humanos necesitamos salir de la rutina de vez en cuando (jajajaja está bien, no se si científicamente pero al menos si por mi) y uno cuando está feliz por lo regular lo demuestra, ¿no? Ya depende de la otra persona si se quiere sentir inferior o lo toma como un orgullo mutuo.
En conclusión: Sí, tenemos que ser humildes, pero todos los días hay gente que se la pasa tirándote todo en cara, salarios de seis cifras, carros del año, casas en Puerta de Hierro (toda ciudad con más de 1 millon de habitantes tiene un fraccionamiento con ese nombre), novias super modelos fogosas y candentes; así que, si tu tienes la oportunidad de "presumir" algo, ¿por que no darte el gusto y mostrar que en verdad es una emoción muy grande?
Hoy saldré a tomar, iré al centro a algún bar y entonces tendré mas historias que contar. Por mientras ya se aproximan esas fechas. 14 y 28 de Agosto! Wuuuuu!!!
agosto 07, 2009
agosto 05, 2009
Mala Idea #1
Salir a tomar en Martes (o entre semana laboral).
A menos que tu día de descanso sea al siguiente día esto siempre será una mala idea. Uno se mentaliza y va con una idea, esto mientras se repite miles de veces que, "sólo una y me voy"; esto jamás se cumple ya que hay muchos factores que uno desconoce: las personas que estarán presentes, las personas que te puedes encontrar en el camino, el ambiente del lugar e inclusive la música.
Una se convierte en dos, tres, cuatro y así pueden pasar las botellas y también las horas. La música te relaja, te envuelve y te invita a seguir tomando y esto es mucho más cierto cuando son las tan conocidas y temidas "canciones corta venas" (tema que trataré en algún futuro). Volteas a la mesa y te das cuenta que ya no fue una, son seis y la noche no parece terminar.
Después vienen la hora de la comida, esta es obligatoria si eres un buen tomador y por lo regular involucra tacos o hot dogs, dependiendo del antojo. A veces resulta todo un calvario e incluso una misión imposible pues dependiendo de la hora de salida del bar puede darse el caso que los señores taqueros decidieran cerrar temprano o simplemente se quedaron sin producto comestible.
El resultado de esa noche puede traer repercusiones en todos los grados. Si tienes que ir a trabajar la alarma suena, digamos que a las 6 de la mañana (llegaste a las 4:15, has la cuenta), logicamente la apagas y decides continuar con el agradable sueño, después de lo que tu piensas que fueron 5 minutos (en tiempo real: 40 minutos) te levantas con un dolor de cabeza exagerado, el aliento a alcohol en reposo y la cara mas demacrada que la del actor en la película de la "Pasión de Cristo". Te metes a la regadera prácticamente arrastrándote, al salir te encuentras con que toda tu ropa esta sin planchar, situación que te deja con muy pocas opciones. Sales de la casa hecho la madre para no perder el mega bono que tu empresa da para inculcar el valor de la puntualidad (a medio camino recuerdas que ya lo perdiste desde el Lunes), llegas a tu departamento y comienza la tortura.
La gente hablando, los teclados sonando a mil por hora, algunas maquinas de oficina defectuosas haciendo ruidos realmente irritantes y la pantalla llena de números y letras (mismos que le dan existencia a tu trabajo); todo esto penetrando en tu oído y ocasionando que sientas que el cerebro está a punto de estallar. El sueño te invade, los parpados comienzan a pesar, la cabeza sigue dando vueltas y el estomago solicitando permiso para desalojar inquilinos (jajajaja). Es durante estos momentos que deseas haber cumplido con tu pensamiento inicial; "sólo una".
A menos que tu día de descanso sea al siguiente día esto siempre será una mala idea. Uno se mentaliza y va con una idea, esto mientras se repite miles de veces que, "sólo una y me voy"; esto jamás se cumple ya que hay muchos factores que uno desconoce: las personas que estarán presentes, las personas que te puedes encontrar en el camino, el ambiente del lugar e inclusive la música.
Una se convierte en dos, tres, cuatro y así pueden pasar las botellas y también las horas. La música te relaja, te envuelve y te invita a seguir tomando y esto es mucho más cierto cuando son las tan conocidas y temidas "canciones corta venas" (tema que trataré en algún futuro). Volteas a la mesa y te das cuenta que ya no fue una, son seis y la noche no parece terminar.
Después vienen la hora de la comida, esta es obligatoria si eres un buen tomador y por lo regular involucra tacos o hot dogs, dependiendo del antojo. A veces resulta todo un calvario e incluso una misión imposible pues dependiendo de la hora de salida del bar puede darse el caso que los señores taqueros decidieran cerrar temprano o simplemente se quedaron sin producto comestible.
El resultado de esa noche puede traer repercusiones en todos los grados. Si tienes que ir a trabajar la alarma suena, digamos que a las 6 de la mañana (llegaste a las 4:15, has la cuenta), logicamente la apagas y decides continuar con el agradable sueño, después de lo que tu piensas que fueron 5 minutos (en tiempo real: 40 minutos) te levantas con un dolor de cabeza exagerado, el aliento a alcohol en reposo y la cara mas demacrada que la del actor en la película de la "Pasión de Cristo". Te metes a la regadera prácticamente arrastrándote, al salir te encuentras con que toda tu ropa esta sin planchar, situación que te deja con muy pocas opciones. Sales de la casa hecho la madre para no perder el mega bono que tu empresa da para inculcar el valor de la puntualidad (a medio camino recuerdas que ya lo perdiste desde el Lunes), llegas a tu departamento y comienza la tortura.
La gente hablando, los teclados sonando a mil por hora, algunas maquinas de oficina defectuosas haciendo ruidos realmente irritantes y la pantalla llena de números y letras (mismos que le dan existencia a tu trabajo); todo esto penetrando en tu oído y ocasionando que sientas que el cerebro está a punto de estallar. El sueño te invade, los parpados comienzan a pesar, la cabeza sigue dando vueltas y el estomago solicitando permiso para desalojar inquilinos (jajajaja). Es durante estos momentos que deseas haber cumplido con tu pensamiento inicial; "sólo una".
agosto 03, 2009
La Cajera
Cierto día (y por cierto día me refiero a hoy), caminando por la ciudad, en mi hora de descanso de esa vida laboral en "Continúa" recordé que el recibo de la caja enajenadora que conocemos como televisión (bueno más bien de la programación) estaba próximo a vencer y que lo tenía que ir a liquidar (se escucha como de película de mafiosos), así que decidí emplear mi hora de comida en hacer justamente eso. Caminé un par de cuadras para llegar hasta la oficina de ésta empresa, con una sonrisa en mi rostro me dispuse a entrar al edificio; claro, como siempre esa sonrisa se desvanece al darte cuenta que una sencilla tarea como es pagar el balance de tu recibo se convierte en un martirio al tener que soportar las largas filas acompañadas de malos olores, infantes llorando, señores renegando con las cajeras del por que su canal de los Padres de San Diego no funciona, en fin, uno no tiene más remedio que fingir la sonrisa que momentos antes tenías con naturaleza, taparse la nariz con una mano mientras que la otra la empleas como abanico pues el lugar no tiene o no prenden el aire condicionado (o clima como le conocen algunos) y esperar.
Después de soportar la larga fila y estar en primera posición, la cajera que se encuentra disponible te voltea a ver, te hace una mueca tratando de imitar una sonrisa y justo cuando piensas que te dirá "adelante" o "el que sigue" baja la mirada, junta un par de papeles y se marcha, dejandote con aquella ilusión de ser la persona que seguía; mientras tanto la caja 1 y 4 están ocupadas con el señor de la queja del canal de los Padres y el otro señor de edad avanzada que no logra entender lo que la señorita le trata de explicar.
Perfecto, regresa la señorita de la 5, con un sentimiento renovado de paciencia la volteo a ver esperando respuesta alguna, solo se me queda viendo lo cual yo no puedo interpretar como una señal que me haga avanzar, no se si sigue contando su dinero, no se si esta con la mirada al vacío o de plano es esa su forma de decir "adelante". Después de unos breves segundos finalmente me hizo pasar, muy amablemente de mi parte le extiendo un saludo, le digo "buenas tardes" y ella simplemente se me queda viendo, sin una respuesta o sonrisa alguna vi que la tipa probablemente estaba teniendo un día muy estresante y sin emociones como el mío (pero al menos yo iba sonriendo). Le comenté que quería pagar mi factura pero no contaba con el recibo, de nuevo esa mirada aburrida, incriminante y fija hacía un vacío que ella misma estaba creando, misma que respondí con una mirada similar, bien pudo haber sido una escena de una película del viejo oeste americano, aquella donde el bueno y el malo se enfrentan a duelo en el centro del pueblo mientras la toma se va cerrando en sus miradas y se escuchaba una melodía con armónica y banjos; volviendo al tema, aquella "alegre" cajera me pidió entonces mi número de teléfono y con el mismo tono apático con el que me llamó a pasar, me dice "son bla bla cantidad", para ese entonces yo ya decidí abandonar cualquier intento de hacerla pasar un rato ameno o tan siquiera de que sonriera un poco. Tomé mi cambio, el cual me dió en monedas dejándome tal cual alcancía y deseandole de todo corazon un buen día, le agradecí y me fui.
Y ese fue mi encuentro cercano con La Cajera del Mal... chan chan chaaaaaan!!
Después de soportar la larga fila y estar en primera posición, la cajera que se encuentra disponible te voltea a ver, te hace una mueca tratando de imitar una sonrisa y justo cuando piensas que te dirá "adelante" o "el que sigue" baja la mirada, junta un par de papeles y se marcha, dejandote con aquella ilusión de ser la persona que seguía; mientras tanto la caja 1 y 4 están ocupadas con el señor de la queja del canal de los Padres y el otro señor de edad avanzada que no logra entender lo que la señorita le trata de explicar.
Perfecto, regresa la señorita de la 5, con un sentimiento renovado de paciencia la volteo a ver esperando respuesta alguna, solo se me queda viendo lo cual yo no puedo interpretar como una señal que me haga avanzar, no se si sigue contando su dinero, no se si esta con la mirada al vacío o de plano es esa su forma de decir "adelante". Después de unos breves segundos finalmente me hizo pasar, muy amablemente de mi parte le extiendo un saludo, le digo "buenas tardes" y ella simplemente se me queda viendo, sin una respuesta o sonrisa alguna vi que la tipa probablemente estaba teniendo un día muy estresante y sin emociones como el mío (pero al menos yo iba sonriendo). Le comenté que quería pagar mi factura pero no contaba con el recibo, de nuevo esa mirada aburrida, incriminante y fija hacía un vacío que ella misma estaba creando, misma que respondí con una mirada similar, bien pudo haber sido una escena de una película del viejo oeste americano, aquella donde el bueno y el malo se enfrentan a duelo en el centro del pueblo mientras la toma se va cerrando en sus miradas y se escuchaba una melodía con armónica y banjos; volviendo al tema, aquella "alegre" cajera me pidió entonces mi número de teléfono y con el mismo tono apático con el que me llamó a pasar, me dice "son bla bla cantidad", para ese entonces yo ya decidí abandonar cualquier intento de hacerla pasar un rato ameno o tan siquiera de que sonriera un poco. Tomé mi cambio, el cual me dió en monedas dejándome tal cual alcancía y deseandole de todo corazon un buen día, le agradecí y me fui.
Y ese fue mi encuentro cercano con La Cajera del Mal... chan chan chaaaaaan!!
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