Mi camino matutino, rutinario y sin mas sorpresas que las campañas políticas (o sea no muchas) empezó un poco tarde el día de hoy, salí de mi casa a las 7 en punto con la prisa de alcanzar el camión que, tristemente ahora ya se su horario, digo tristemente pues antes sólo sabía por donde pasaba el camión y ahora hasta los horarios me he aprendido, bueno de vuelta al tema; al ir llegando a la esquina de la avenida principal, que conocemos como "paseo", como engranes de un reloj suizo, el autobús hizo su parada para que subiera.
Dándole los buenos días al chofer que muchas veces ignoramos por falta de educación y siendo que es la persona que nos lleva de punto A a punto B, me abrí camino hasta la penúltima fila del colectivo de donde sería nuevamente espectador de la rutinaria escena de las mañanas.
Con una de las bandas sonoras de mi día sonando en los audífonos de mi móvil, presenciaba el movimiento de la gente por la vía publica, el motociclista rebasando con agilidad y evadiendo las aglomeraciones vehiculares, el taxista pitando en cada esquina a la gente que espera, las señoras de falda larga que se congregan en una esquina con sus libros sagrados sobre sus manos, el señor voceador en el crucero con las noticias de hoy en papel, algo sobre crímenes desenfrenados, enfermedades psicosomáticas inventadas por gobiernos con necesidades económicas o la nota sobre como tal partido hizo algo y otro lo reprobó, en fin todas esas noticias con el simple y detestable propósito de mantener a las personas inmersas en miedo, expectativas falsas y hambre de amarillismo; bueno, continuo el camión y mi mente divagando, la señora caminando por la calle con su hijo de la mano a toda marcha para llegar a tiempo a la primaria e intentar inculcar un valor que ha desaparecido en la mayoría de mexicanos, la puntualidad.
Continuo el viaje, el dólar a $13.06 en la casa de cambio de la esquina, de ahí tenemos todos los semáforos en verde, los anuncios de los proximos espectaculos que vienen a la modesta plaza monumental, una vulgar y lista para el retiro, autora de temas que hablan de un snack con un condimento a base de tomate, de la canción que habla sobre estar despeinada y que por si su basura auditiva no fuera suficiente usa atuendo completamente burdos, misteriosamente es icono para miles de personas que gustan del amor de su mismo sexo; y también tenemos a un cantautor un poco mas refinado y clásico, inculcado en mi vida musical por mi hermosa madre, este personaje autor de canciones con títulos como esa triste guitarra y con olor a hierba, igual que la anterior, ya listo para el retiro.
Bueno, volví a divagar, pasé por una clínica distinta a la mencionada en un artículo anterior (Agua que no has de beber...) y pude observar al antítesis de la persona de ayer, esta persona barría como se debe o mas bien como se hacia con antigüedad, usaba una escoba y no la manguera, en lugar de derrochar litros de agua usaba su propia fuerza para impulsar el articulo limpiador. Eso me lleno de un poco de esperanza y me hizo sonreír, lo acepto, para ese entonces escuchaba una melodía un poco elevada y seguía con la mirada perdida en mi ciudad.
Una mañana más es la que pasaba por mi ventana, la gente, los olores (únicos y distintivos de mi querida ciudad), los perros vagabundos, los vagabundos perros, los comercios de la ciudad tomando vida, el viacrucis de vehículos con distintos destinos, todo esto sucedía mientras el sol decidía esconderse detrás de un mar de nubes grises y el clima mediterraneo se preparaba para hacer sus ya tan conocidos cambios repentinos.
Esta fue mi mañana, esos fueron mis pensamientos, mi trayecto al trabajo y mi pequeña rutina que intento renovar día con día intercalando distintas rutas para arribar a ese edificio que, aunque luce triste, sus empleados nos encargamos de darle el tono correcto y la alegría que debería de tener.
Ya veremos que más sucede en este día...
Dándole los buenos días al chofer que muchas veces ignoramos por falta de educación y siendo que es la persona que nos lleva de punto A a punto B, me abrí camino hasta la penúltima fila del colectivo de donde sería nuevamente espectador de la rutinaria escena de las mañanas.
Con una de las bandas sonoras de mi día sonando en los audífonos de mi móvil, presenciaba el movimiento de la gente por la vía publica, el motociclista rebasando con agilidad y evadiendo las aglomeraciones vehiculares, el taxista pitando en cada esquina a la gente que espera, las señoras de falda larga que se congregan en una esquina con sus libros sagrados sobre sus manos, el señor voceador en el crucero con las noticias de hoy en papel, algo sobre crímenes desenfrenados, enfermedades psicosomáticas inventadas por gobiernos con necesidades económicas o la nota sobre como tal partido hizo algo y otro lo reprobó, en fin todas esas noticias con el simple y detestable propósito de mantener a las personas inmersas en miedo, expectativas falsas y hambre de amarillismo; bueno, continuo el camión y mi mente divagando, la señora caminando por la calle con su hijo de la mano a toda marcha para llegar a tiempo a la primaria e intentar inculcar un valor que ha desaparecido en la mayoría de mexicanos, la puntualidad.
Continuo el viaje, el dólar a $13.06 en la casa de cambio de la esquina, de ahí tenemos todos los semáforos en verde, los anuncios de los proximos espectaculos que vienen a la modesta plaza monumental, una vulgar y lista para el retiro, autora de temas que hablan de un snack con un condimento a base de tomate, de la canción que habla sobre estar despeinada y que por si su basura auditiva no fuera suficiente usa atuendo completamente burdos, misteriosamente es icono para miles de personas que gustan del amor de su mismo sexo; y también tenemos a un cantautor un poco mas refinado y clásico, inculcado en mi vida musical por mi hermosa madre, este personaje autor de canciones con títulos como esa triste guitarra y con olor a hierba, igual que la anterior, ya listo para el retiro.
Bueno, volví a divagar, pasé por una clínica distinta a la mencionada en un artículo anterior (Agua que no has de beber...) y pude observar al antítesis de la persona de ayer, esta persona barría como se debe o mas bien como se hacia con antigüedad, usaba una escoba y no la manguera, en lugar de derrochar litros de agua usaba su propia fuerza para impulsar el articulo limpiador. Eso me lleno de un poco de esperanza y me hizo sonreír, lo acepto, para ese entonces escuchaba una melodía un poco elevada y seguía con la mirada perdida en mi ciudad.
Una mañana más es la que pasaba por mi ventana, la gente, los olores (únicos y distintivos de mi querida ciudad), los perros vagabundos, los vagabundos perros, los comercios de la ciudad tomando vida, el viacrucis de vehículos con distintos destinos, todo esto sucedía mientras el sol decidía esconderse detrás de un mar de nubes grises y el clima mediterraneo se preparaba para hacer sus ya tan conocidos cambios repentinos.
Esta fue mi mañana, esos fueron mis pensamientos, mi trayecto al trabajo y mi pequeña rutina que intento renovar día con día intercalando distintas rutas para arribar a ese edificio que, aunque luce triste, sus empleados nos encargamos de darle el tono correcto y la alegría que debería de tener.
Ya veremos que más sucede en este día...
