La historia de hoy se remonta en un bar de la calle 6ta. con gente ya conocida y alguna nueva, después de la degustación de vino y paella, claro está que al llegar a este bar ya se contaba con el murmullo del alcohol.
La televisión transmitía el partido final de nuestro deporte nacional, en el cual irónicamente, no somos tan buenos (oh yes I said it) había un considerable número de personas en el establecimiento y todos sin apartar sus miradas de los receptores. Personas separadas por una camiseta representando a diferentes estados, futbolisticamente hablando, era claro que la gente del Distrito estuviese de tan buen humor, sus universitarios claramente estaba por arriba de los hidalguenses. Y ahí, entre vasos llenos de cerveza, gritos y la música que la rocola emitía nos tocó conocer a dos individuos, inmigrantes de los estados de Oaxaca y Sinaloa, ambos con su equipo favorito.
Su historia relataba el trayecto que los trajo a esta ciudad y lo que les impulsó a dejar familia, amigos y las calles que les vieron crecer, nuevamente salió a tema la política, que como ya sabemos es en cierta forma imparcial y no entraré en detalles para no disgustar a nadie (yes!); la falta de un buen empleo y los servicios necesarios para continuar en el sur tenían a estos dos futboleros ahí, uno contento y vitoreando su predecible triunfo y el otro resignado por el resultado. Intercambiamos historias de viajes, lo cual me trajo a la mente la idea de ir a visitar Oaxaca, claro está que para esto pasará un buen tiempo.
Después de platicar con ellos, regresamos a la conversación que tenía entre amigos y por alguna extraña razón recordé mis años de revolucionario, pudo haber sido la cerveza o el hecho de que uno de los presentes es menor de 20, con ideales de un movimiento que modifique la manera de pensar de 1 billón de personas; una revolución sin manos. Y pensar que todo comenzó con la sencilla pregunta: ¿Quien consideras que ha sido el mejor presidente en la historia de México? (Porfirio Diaz, quien no este de acuerdo conmigo será apresado y enviado para su ejecución y esto no es una dictadura... anyways); tras una buena discusión del tema y dar y dejar bien marcados mis puntos de vista optamos por apoyar a mi amigo revolucionario y con ello logramos cambiar el tema de vuelta al fútbol.
Fue una buena noche, lo único que puedo lamentar es que fue la noche del Domingo, siendo esto un error pues en el trabajo no aceptan "crudo" como una excusa para no asistir y desde los 16 años descubrí que no es una condición por la cual te den algún justificante en el seguro social. Y esta fue una historia mas de bar, me despido con una frase que resaltó en la platica de ayer: "El sonido que persistentemente reverbera a través de la historia es el de los tambores de guerra" - Arthur Koestler.
La televisión transmitía el partido final de nuestro deporte nacional, en el cual irónicamente, no somos tan buenos (oh yes I said it) había un considerable número de personas en el establecimiento y todos sin apartar sus miradas de los receptores. Personas separadas por una camiseta representando a diferentes estados, futbolisticamente hablando, era claro que la gente del Distrito estuviese de tan buen humor, sus universitarios claramente estaba por arriba de los hidalguenses. Y ahí, entre vasos llenos de cerveza, gritos y la música que la rocola emitía nos tocó conocer a dos individuos, inmigrantes de los estados de Oaxaca y Sinaloa, ambos con su equipo favorito.
Su historia relataba el trayecto que los trajo a esta ciudad y lo que les impulsó a dejar familia, amigos y las calles que les vieron crecer, nuevamente salió a tema la política, que como ya sabemos es en cierta forma imparcial y no entraré en detalles para no disgustar a nadie (yes!); la falta de un buen empleo y los servicios necesarios para continuar en el sur tenían a estos dos futboleros ahí, uno contento y vitoreando su predecible triunfo y el otro resignado por el resultado. Intercambiamos historias de viajes, lo cual me trajo a la mente la idea de ir a visitar Oaxaca, claro está que para esto pasará un buen tiempo.
Después de platicar con ellos, regresamos a la conversación que tenía entre amigos y por alguna extraña razón recordé mis años de revolucionario, pudo haber sido la cerveza o el hecho de que uno de los presentes es menor de 20, con ideales de un movimiento que modifique la manera de pensar de 1 billón de personas; una revolución sin manos. Y pensar que todo comenzó con la sencilla pregunta: ¿Quien consideras que ha sido el mejor presidente en la historia de México? (Porfirio Diaz, quien no este de acuerdo conmigo será apresado y enviado para su ejecución y esto no es una dictadura... anyways); tras una buena discusión del tema y dar y dejar bien marcados mis puntos de vista optamos por apoyar a mi amigo revolucionario y con ello logramos cambiar el tema de vuelta al fútbol.
Fue una buena noche, lo único que puedo lamentar es que fue la noche del Domingo, siendo esto un error pues en el trabajo no aceptan "crudo" como una excusa para no asistir y desde los 16 años descubrí que no es una condición por la cual te den algún justificante en el seguro social. Y esta fue una historia mas de bar, me despido con una frase que resaltó en la platica de ayer: "El sonido que persistentemente reverbera a través de la historia es el de los tambores de guerra" - Arthur Koestler.
