Otro fin de semana ha pasado, otro conjunto de días donde se da la oportunidad de olvidarse del trabajo y responsabilidades, al menos hasta cierto punto. Nuevamente el horario nocturno fue escenario de las diferentes actividades que, ahora se han ido convirtiendo en rutinas, el sabor de la cebada en perfecto reposo y fermentación, el convivir con los amigos y disfrutar de mil comentarios acompañados con sus respectivas mil risas; esos fines de semana que nos recuerdan que las heridas logradas por relaciones poco balanceadas siguen con nosotros y no nos van a dejar en ningún tiempo cercano, pero aun así continuamos, cometiendo los mismos errores y desahogándonos con los mismos amigos.
El Viernes, yo pensaba y aseguraba que estaría solo en mi casa, viendo películas, como en los viejos tiempo antes de conocer al dios Baco; terminando mi jornada laboral me disponía a emprender el largo regreso a casa cuando de repente fui interceptado por una llamada, era mi mejor amigo que me informaba que celebraríamos un suceso importante y a lo lejos pude escuchar la voz tenue y delicada de una de mis mejores amigas, fue en ese momento que caí en la cuenta de que mi plan inicial seria completamente distorsionado. Y así fue, después de verlos en un buen restaurant de comida japonesa y enterarme de la razón por la cual celebraríamos, la cual resulto ser un logro por parte de Boru al conseguir su primer licencia para conducir. Y así fue, fuimos por un par de horas a una conocida plaza de mi querida ciudad donde se puede conseguir bebidas de carácter alcohólico (jajaja) ya terminada la jarra, recordamos que teníamos unas cuentas pendientes en Playas y fuimos a lidiar con ellas. En fin, esa noche termino temprano, pero no por eso significa que no haya terminado bien.
El temible Sábado llegó, el plan: asistir a la boda de mi mejor amiga de la universidad. El día transcurrió lentamente, primero impaciente por saber si tendría la compañía de la bella dama que roba mis suspiros intente localizarla y una vez obtenido el exito en eso se me informó que no sería posible, por lo cual el resto de la tarde sería una noche prácticamente solitaria. Se llegó la hora de la boda y abordo de mi caballo de acero, mi Valiant 64, me dirigí al lugar indicado. Nunca antes había asistido a una fiesta similar, fue un poco fuera de lo común lo cual lo hizo aun mas genial; llegué al bar y ahí vi a la pareja feliz, después de un muy fuerte abrazo a ambos me dispuse a obtener los beneficios de mi asistencia, felices cervezas me dieron la bienvenida en la barra donde podría tomar lo que uno quisiera, mientras no se agotaran las existencias. Bueno, bueno, una muy buena noche para resumir todo esto, interactué de nuevo con mis viejos compañeros de carrera, cantamos, bailamos y reímos. Eventualmente todo tenía que acabar y lo hizo, sin darnos cuenta el sol ya había hecho su aparición y la desértica ciudad se poblaba de nuevo con cientos de automovilistas ansiosos por llegar al trabajo, al mercado o a su misa matutina.
Buen fin de semana hasta cierto punto, solo hubo una acción de la cual me arrepiento y esa fue, dormir todo el Domingo, al parecer me costó más que una leve torcedura de cuello. Escribiré algo más detallado después, por el momento tengo que continuar con mis labores. Buen inicio de semana, tiene que ser.
El Viernes, yo pensaba y aseguraba que estaría solo en mi casa, viendo películas, como en los viejos tiempo antes de conocer al dios Baco; terminando mi jornada laboral me disponía a emprender el largo regreso a casa cuando de repente fui interceptado por una llamada, era mi mejor amigo que me informaba que celebraríamos un suceso importante y a lo lejos pude escuchar la voz tenue y delicada de una de mis mejores amigas, fue en ese momento que caí en la cuenta de que mi plan inicial seria completamente distorsionado. Y así fue, después de verlos en un buen restaurant de comida japonesa y enterarme de la razón por la cual celebraríamos, la cual resulto ser un logro por parte de Boru al conseguir su primer licencia para conducir. Y así fue, fuimos por un par de horas a una conocida plaza de mi querida ciudad donde se puede conseguir bebidas de carácter alcohólico (jajaja) ya terminada la jarra, recordamos que teníamos unas cuentas pendientes en Playas y fuimos a lidiar con ellas. En fin, esa noche termino temprano, pero no por eso significa que no haya terminado bien.
El temible Sábado llegó, el plan: asistir a la boda de mi mejor amiga de la universidad. El día transcurrió lentamente, primero impaciente por saber si tendría la compañía de la bella dama que roba mis suspiros intente localizarla y una vez obtenido el exito en eso se me informó que no sería posible, por lo cual el resto de la tarde sería una noche prácticamente solitaria. Se llegó la hora de la boda y abordo de mi caballo de acero, mi Valiant 64, me dirigí al lugar indicado. Nunca antes había asistido a una fiesta similar, fue un poco fuera de lo común lo cual lo hizo aun mas genial; llegué al bar y ahí vi a la pareja feliz, después de un muy fuerte abrazo a ambos me dispuse a obtener los beneficios de mi asistencia, felices cervezas me dieron la bienvenida en la barra donde podría tomar lo que uno quisiera, mientras no se agotaran las existencias. Bueno, bueno, una muy buena noche para resumir todo esto, interactué de nuevo con mis viejos compañeros de carrera, cantamos, bailamos y reímos. Eventualmente todo tenía que acabar y lo hizo, sin darnos cuenta el sol ya había hecho su aparición y la desértica ciudad se poblaba de nuevo con cientos de automovilistas ansiosos por llegar al trabajo, al mercado o a su misa matutina.
Buen fin de semana hasta cierto punto, solo hubo una acción de la cual me arrepiento y esa fue, dormir todo el Domingo, al parecer me costó más que una leve torcedura de cuello. Escribiré algo más detallado después, por el momento tengo que continuar con mis labores. Buen inicio de semana, tiene que ser.

Maury, yo no recuerdo haberte llamado el viernes- ni que Xavi estuviera conmigo.
ResponderEliminarCreo que tienes serios problemas de lagunas mentales.
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